Historia de las Carreras de Carritos

Relato y Fotos enviadas por Roberto Bublik

 


Nos estamos remontando al período de mediados de los 60s, caracterizado por una gran efervescencia de actividades paralelas a los quehaceres académicos. Fuimos poquísimos alumnos en ese entonces; nos conocíamos casi todos y en un clima amistoso y familiar organizábamos una variada clase de eventos: kermesses, festivales, fiestas bajo cualquier pretexto y hasta humoradas como la “Carrera de Carritos”. La verdad es que no poseo los antecedentes exactos de  quién fue el primer organizador y como fueron la circunstancias del nacimiento de esta justa, sin embargo una pancarta en el patio con la invitación a participar, despertó un inusitado interés general. Lo que si estaba claro, que esta competencia no la auspiciaba nadie, no era parte de las actividades del Club de Deportes, no tenía como finalidad  juntar fondos ni era parte del programa de la universidad. Solamente era el producto del sano buen humor e iniciativa de los alumnos de esa época.

 

 

 

Las bases estipulaban la utilización de un carrito  sin mayores restricciones técnicas,  de construcción libre y para ser tripulado por dos personas.  Este carrito debía su movilidad al aprovechar  la marcada pendiente existente.  El trayecto  comprendía  iniciar la carrera desde el monolito del monumento a  Diego Portales de Av. Los Placeres, entrar por el portón de la  Universidad,  seguir  por la secuencia de curvas de las vías interiores de la Universidad para terminar la carrera  en la portería de Chile España. Este trayecto por si solo por lo sinuoso se presentaba como muy atractivo, además  de ofrecer vías pavimentadas  libres de tránsito vehicular, lo cual añadía un factor de seguridad para realizar dicho evento. Había un plazo prudente para  fabricar o conseguir un carrito para la ocasión.  Como algunos alumnos exhibieron  rápidamente unos modelitos y efectuando pruebas previas de rendimiento,  despertaron  rápidamente el interés de muchos otros para rivalizar tanto en el diseño como apostar  sobre las  performances,  donde incluso se jugaba el honor de las diversas especialidades que se impartían en nuestra universidad. A los pocos días ya se hablaba del team de los mecánicos, eléctricos, químicos, constructores e incluso competían los universitarios con los alumnos de la EAO.

 

 

 

 

En definitiva, los modelitos en su gran mayoría eran bastante básicos y simples. Una plataforma o base para sentarse a la cual se le adosaba un eje trasero fijo  y un eje movible adelante. Los virajes se efectuaban con los pies del conductor. Las ruedas por lo general eran rodamientos usados o también adaptadas de algún artefacto o juguete dado de baja. Como siempre sucede en estas ocasiones, no faltaron algunos entusiastas que se tomaron el asunto bastante en serio y consideraron que era una buena ocasión para desarrollar un prototipo de carrito con un diseño sofisticado en el cual  se emplearon no pocas horas hombre.  Por supuesto que estos avanzados modelitos se fabricaron en los talleres de la universidad aprovechando las instalaciones y la vista gorda que hicieron  los respectivos  instructores.  Mal que mal, se trataba de una práctica de taller.

 

 

 

De esta manera  salió a la luz  un prototipo que llamó inmediatamente la atención. Axel Habermayer,  distinguido compañero y estudiante de mecánica, se atrevió con un carrito que  tenía bastante similitud con un Go-Kart  aunque sin motor. Si embargo contaba con chassis rígido de acero,  tren delantero accionadas mediante brazos y manubrio, asientos y ruedas de rodamiento. En definitiva, era una creación mecánica “superior” a los demás carritos en competencia.  Para no ser menos, Carlos Ermter,  que en ese tiempo era un activo atleta múltiple no solo en la universidad sino que a nivel nacional, también decidió aportar lo suyo. Vinculado con la especialidad de maderas, obviamente hizo honor a ese material  y se puso en campaña a construir  su  propio modelo.  En virtud de que Carlos poseía un físico y corpulencia que se empinaba a los dos metros, obviamente  requería de un carro de una dimensión  acorde a su tamaño y donde  además había que dejar lugar para el  copiloto que se acomodaba atrás. Al  final,  presenciamos el nacimiento del artefacto:   un inmenso carro  de madera.  Pero mas que un carro,  recordaba a un ataúd  con ruedas.  Si bien es cierto que no tenía las sofisticaciones del  modelo de Axel, se trataba de una creación donde se fabricaron incluso las ruedas de un apreciado diámetro. Como sea, se distinguía claramente de los demás modelos.  En definitiva, cada cual hizo lo mejor que pudo.

 

 

 

 

Finalmente, el gran día llegó y se procedió a la realización de la carrera. Transcurridos ya tantos años de ese evento, no dispongo del nombre del ganador ni que carro en particular logró finalizar  el trayecto. A lo mejor alguien se acuerda y  aportará en su momento el complemento que falta para la historia. Sin embargo, como simple espectador  recogí algunos momentos puntuales de la competencia y su jocoso desarrollo. Hubo de todo, deserciones, carros que fallaron, frustraciones y sorpresas. Lo mas interesante es que siendo una universidad técnica,  lo que mas falló fue  el pobre análisis técnico del diseño.  En concreto, rindieron mucho mejor los carros improvisados que los mas elaborados. 

 

 

 

 

 

El punto crítico consistía en ingresar con la velocidad adcuada desde Av. Los Placeres  a la entrada de la universidad por el portón. La curva era cerrada y en  ángulo recto. Como era de esperar, en ese punto pasó de todo,  aglomeraciones, topones y percances. Un entusiasta participante que tuvo la brillante idea de ahorrarse el trabajo de fabricar su propio modelo,  le pidió prestado el carrito del  almacén de la esquina al bachicha “Sergio”, simpático y generoso lolo que nos fiaba la mortadela para el sandwitch  en época de las vacas flacas.  Inesperadamente, este carrito que se utilizaba para entrar mercadería al  almacén resultó con su desempeño una verdadera sorpresa. De fabricación metálica y ruedas de hierro fundido parecía tosco y rígido, pero cuando se largó  en bajada agarró tal velocidad que el piloto ni siquiera intentó doblar en la portería.  Siguió de largo  en bajada y en verdad no supimos en que terminó su loca carrera ni como logró frenar.

 

 

Otro carro que empezó la carrera con un andar promisorio era el de Carlos Ermter. Gracias a sus ruedas de apreciable tamaño y su notable masa, tomó velocidad y ventaja. Sin embargo, aunque logró doblar en la portería, no pudo hacerlo en forma cerrada y estrelló la rueda izquierda contra la cuneta. Voló la rueda al quebrar el extremo del eje delantero. Carlos en un esfuerzo sobrehumano tomó el extremo del eje y trató de conducir de esa manera pero lamentablemente tuvo que resignarse a abandonar la competencia. El otro crédito, el carrito de Axel tampoco logró el objetivo planificado. El exceso de mecanismos, trabó la movilidad requerida para el artefacto. Además unas ruedas de rodamiento relativamente pequeñas  sufrieron mucho por el roce del asfalto que presentaba una superficie notoriamente áspera,  lo cual hizo lenta la movilidad.   A  la postre, el desempeño de ruedas de triciclos de juguetes y los diseños simples son los que acapararon los mayores aplausos. Con esto quedó demostrado una vez mas que “ La excelencia es enemiga de lo bueno”.

 

Terminó la carrera, hubo un ganador y los respectivos comentarios prosiguieron por un buen tiempo.  Pero el verdadero ganador fue una vez mas el espíritu del  estudiante  de nuestra querida universidad.

 

 

Todo esto aconteció hace ya muchísimos años. Puede que haya algún sansano  que tenga grabado otras anécdotas, complementar o corregir este relato. En esta ocasión solo contaba con mi cámara y un desplazamiento limitado.  Seguramente debe haber mas de un sabroso detalle que permanece en la memoria y espera que salga a la luz.


NOTA DEL EDITOR: Hemos gratamente constatado que estas Carreeras de Carritos se han incorporado al Folklore Sansano y se siguen realizando despues de mas de 40 años. Ver video enviado por Diego Quijada, actual estudiante sansano de Ing. Civil Electronica (2008).